Murcia Siglos XVI y XVII

En el 1520 Murcia se unió al movimiento comunero aunque con unos matices totalmente distintos al resto de Castilla por su claro sentimiento antioligarquico que entroncaba con los conflictos que se vivían en la región a finales del siglo XV. Los comuneros murcianos implantaron una junta de síndicos con cierta representación popular y elegidos por parroquias.
En el reinado de Felipe II, tropas murcianas bajo mando de Luis Fajardo; II Marqués de los Vélez y adelantado del reino de Murcia, ayudaron a sofocar la rebelión morisca en el Reino de Granada. Este hecho hará que se le conceda a Murcia el título de Muy noble y muy leal. El conflicto de las Alpujarras supondrá así mismo el hundimiento del sector sedero granadino, y en consecuencia, el auge de la seda murciana que permitirá a la ciudad y su reino esquivar los efectos de la crisis finisecular del siglo XVI a diferencia de Castilla. De hecho, la crisis no llegaría a Murcia hasta la tercera década del siglo XVII.
En el año 1613, Felipe III decidió la expulsión de los moriscos murcianos que todavía quedaban en las diseminadas aljamas de la huerta y que tan vitales fueron para la producción sericícola.
En 1651 la ciudad fue arrasada por una avenida del río Segura que causó más de 1000 muertos, conocida como Riada de San Calixto

